El mal cliente del Social Media

El mal cliente del Social Media

Si hay algo que se respira entre los profesionales (sí, decimos bien, profesionales y no gurús digitales) del social media es pasión. Pasión por nuestro trabajo, pasión por mejorar, aprender y pasión porque las cosas salgan bien, no sólo para nosotros sino para las entidades que confían en nosotros. Pero hay algo que puede acabar con toda esa pasión y convertirla en desidia es (música de intriga, por favor y voz de ultratumba): El mal Cliente de Social Media.

Aquel que un día dijo que el cliente siempre tiene la razón no tuvo en cuenta el sector de la comunicación digital. ¿Cómo va a tener la razón alguien que no conoce la profesión? ¿Verdad que ningún arquitecto haría una casa sin planos porque un cliente no quisiera pagarlos? Pues del mismo modo no puede hacerse social media sin estrategia.

Es de esperar que nuestros clientes no sepan “de qué va eso de las redes sociales”, para eso estamos nosotros, para explicárselo, pero como en todos los sectores, existen clientes que o bien no les interesa o tienen una interpretación propia de “todo esto” y no están dispuestos a cambiarla. Es en estos casos que el trabajo diario se torna aburrido y se convierte en cifras de facturación. Triste pero cierto.

Estamos seguros que debe haber muchos más tipos de malos clientes de social media, pero para nosotros son básicamente tres:

  1. El cliente que no tiene tiempo de subir las cosas “al Facebook”: Generalmente suele ser una PYME a la que no le van mal las cosas, con un gerente que supervisa TODO, pero las nuevas tecnologías se le van de las manos. Por lo tanto, necesita alguien que suba lo que él dice, como dice y cuando dice. Por supuesto, no le interesa saber nada de estrategia, de engagement, ni de comunicación. Sólo necesita un brazo ejecutor.
  2. El cliente que quiere ver su página web en los primeros puestos de Google: El cliente que inicialmente “solo” pone esta condición suele ser un cliente difícil, porque no le interesa los medios pero sí los costes, por lo tanto no hay lugar para la creatividad ni se puede esperar implicación alguna por parte de éste, por lo que vuelve a ser una tarea tremendamente aburrida.
  3. EL cliente que contrata social media porque no tiene presupuesto para publicidad tradicional, pero que no le da valor alguno: Por sorprendente que parezca este tipo de cliente existe y no sólo existe, sino que es más frecuente de lo que nos gustaría. Por lo general se desentiende al 100% de lo que pasa en sus redes sociales, suele ser mal pagador, no acepta propuestas que no sean suyas ni permite la creatividad ajena. Sólo se acuerda de que ha contratado un servicio de social media, cuando descubre que no tiene ventas procedentes de sus perfiles sociales.

Independientemente de lo complicado, o no, que sea trabajar con este tipo de clientes el verdadero problema es que los tres están, irremediablemente, abocados al fracaso, porque no han contratado social media, sino una casa sin planos.

 

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